jueves, 13 de septiembre de 2018

Muriendo y aprendiendo, sentenciaba muchas veces mi difunto padre. Y desengañándote, añado yo.
Posees una mochila llena de ideas preconcebidas acerca de cómo es la vida, como si solo hubiera una forma posible. Y poco a poco van cayendo mitos. El pescado azul que antes era prácticamente veneno ahora es una inagotable fuente de nutrientes extraordinarios. El tabaco que antes te hacía un supermacho arrollador y seductor es ahora un peligroso cancerígeno.
Y yo, en la creencia de que el mundo se divide entre izquierda y derecha, entre blancos y negros, entre ateos y creyentes...... Nada más lejos. El mundo se divide entre los que tienen mucha pasta y los que no la tenemos. Da igual que seas gitano, narcotraficante, blasfemes contra el altísimo, seas indepen o tengas más pluma que un edredón. Nada une más que el dinero. Y lo peor es que, con demasiada frecuencia, mucho dinero es sinónimo de muy pocos escrúpulos, nada de empatía y muy pocos límites morales.
Pero recuerden: esto es tan solo una opinión.

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